León Siminiani nos habla en esta entrevista de su nuevo corto documental: El síndrome de los Quietos.

Elías León Siminiani acaba de estrenar en la 18ª edición de Documenta Madrid su nuevo cortometraje documental Síndrome de los Quietos. El autor se adentra en esta ocasión en un nuevo ensayo fílmico con aires de mockumentary, donde el montaje, la autoría, la distopía y la idiosincrasia son solo algunos de los elementos que permiten describir este proyecto. Una película donde un documental sobre un supuesto síndrome de la quietud que tiene lugar en Colombia queda inconcluso. Cincuenta años más tarde, una investigadora buscará respuestas al síndrome y a las razones que llevaron a dejar sin finalizar el metraje comenzado medio siglo antes.

¿Cómo surge hacer Síndrome de los Quietos?
Este proyecto surge de la amistad entre su productor y coguionista, Jorge Caballero y yo. Hace años que queríamos hacer una película juntos. Siendo Jorge colombiano de origen, la idea era que el proyecto implicase un intercambio entre España y Colombia. Comenzamos a hablar y rápidamente la quietud y la necesidad de esta en nuestra vida surgió como tema que nos interesaba a los dos. Pero nos interesaba de manera muy distinta. A Jorge le interesaba más la idea de quietud en un contexto histórico-político mientras que yo me la llevaba a un terreno más personal-existencial. Esa dualidad, la tensión entre esas dos miradas es la que ha sostenido el proceso creativo y acabó transfiriéndose al relato final.

En el guion participaron usted, Jorge Caballero y Miguel A. Trudu. ¿Cómo se colaboró para llevar a cabo la escritura de un proyecto como este?
Pues yo diría que hubo dos fases muy distintas. Una primera en que tanto la investigación sobre las nociones de ruido y silencio en el imaginario colectivo colombiano, como las conversaciones para aterrizar esto a algo tangible y filmable tuvieron lugar entre Jorge y yo. Buscamos realidades concretas filmables (o rastreables en archivo) que evidenciasen el concepto de quietud y silencio y su opuesto, diseñamos las entrevistas a los tres personajes cuyo testimonio son pilares del corto e imaginamos ese colectivo de cineastas llamado «quietos» que irían en busca del síndrome del título. Luego, en una segunda fase muy posterior, entró Trudu a montar y tuvo lugar una reescritura profunda de lo que habíamos filmado en montaje. Fue un proceso de montaje muy largo en el que nos adentramos en terrenos muy distintos gracias a las enormes posibilidades de moldear las imágenes que ofrece la voz en off. Este fue un proceso que compartimos Trudu y yo. De ahí que al final hubiese dos fases de escritura distintas y tres guionistas.

¿Nos puede contar cómo involucró a Luis Ospina en este proyecto?
Luis Ospina es un referente absoluto tanto para Jorge como para mí. Además de ser un extraordinario cineasta, pionero en la noción de falso documental, es alguien que hasta el final de su vida tuvo una curiosidad enorme por las nuevas generaciones de cineastas y que, desde su ventana del Festival de Cali, del que fue fundador y director hasta el mismo año de su muerte, nos ha apoyado a cientos de cineastas a los dos lados del oceáno. Yo admiro y siempre he tratado de integrar una cierta mirada de Luis sobre el hecho cinematográfico como un gran juego. Una dimensión lúdica como motor de la propuesta. Desde el principio tuvimos la intención de proponerle un juego a Luis. El juego de construir el sindrome del título. Ni que decir tiene que Luis entró al trapo. A partir de ahí, lo que hicimos nosotros fue tratar de tomarnos el juego lo más en serio posible.

“Partir de las imágenes que ya están creadas y resignificar esas imágenes que ya están creadas por otros”. Esta frase la pone en boca de Luis Ospina al comienzo del corto. ¿En esencia es lo que buscaba con esta película, la cual en una parte importante se nutre de imágenes grabadas por otros?
No necesariamente buscábamos esto, que es una idea-madre en la estética y la ética de la última etapa de Luis Ospina. El resultado final sí que tiene que ver con esta idea. De alguna manera, ese proceso de vaciado semántico de una imagen para darle un significado completamente nuevo es uno de los grandes potenciales del ensayo fílmico. Al final, cuando trabajas con imágenes de otro tiempo en un contexto nuevo, a poco que las dejes respirar y medites un poco sobre ellas, esas imágenes comienzan a brotar de nuevo. Es algo muy mágico a lo que solo pueden aspirar imágenes por las que ha pasado el tiempo. En este sentido, las imágenes analógicas siempre tendrá una ventaja sobre las de esta era digital nuestra: el peso del tiempo. Algun dia las imágenes-Primark de este tiempo doméstico-digital que vivimos empezarán a cobrar ese mismo valor. Pero hasta entonces, las imágenes del pasado partirán con ventaja. Por eso es tan importante el archivo y la preservación del patrimonio cinematográfico.

Mockumentary o ensayo cinematográfico. ¿Cuál de las dos denominaciones prefiere para el Síndrome de los Quietos?
Pues yo creo que tiene algo de los dos. Y es que los dos, al final funcionan como dos caras de una misma moneda, que es la capacidad autorreflexiva del cine. El cine puede no solo narrar una historia. También tiene la capacidad de pensar sobre la realidad y sobre el propio hecho cinematográfico. El mockumentary y el ensayo parten de esta premisa que siempre supone un cierto distanciamiento frente a la inmersión absoluta de los relatos de ficción.

 En Síndrome de los Quietos, así como en obras anteriores suyas, utiliza el inglés para la voz en off. ¿Es un recurso creativo con una finalidad determinada?
Tanto la serie Conceptos clave del mundo moderno, arrancada hace 20 años, como este Síndrome de los Quietos, utilizan el inglés como elemento distanciador y expositivo. De alguna manera en estos dos proyectos se parte de la idea de ofrecer una explicación a un espectador del futuro o, incluso, a un extraterrestre que llegase a este mundo y estas piezas pudieran ofrecérsele como manual de instrucciones. Para imaginar ese juego, el inglés es una buena herramienta..

¿Cree que las dos variables de este ensayo cinematográfico para entender la quietud, el silencio y el ruido, se pueden aplicar a España e incluso a cualquier otro lugar?
Son categorías presentes en cualquier sociedad y, por lo tanto, ¿por qué no? Sería curioso buscar los epicentros de ruido y silencio de distintos países. En realidad estamos muy acostumbrados a hacerlo, solo que con nosotros mismos. Cuando vamos a terapia no vamos más que en busca de esos epicentros en nuestro interior.

Si fuera así, ¿dónde situaría el epicentro del ruido en este país? ¿Y el del silencio?
¡Uy! Es complicado decirlo a bote pronto. Hacer esta pequeña pieza nos ha llevado tres años. Lo que sí te puedo decir es que si tuviera que encontrar el epicentro del ruido me sumergiría en la hemeroteca. Para el del silencio, en la España vacía.

Por cierto, ¿para cuándo otro documental de la serie Conceptos clave del mundo moderno?
Esa es una muy buena pregunta. Me hace mucha ilusión que se acuerde de ese proyecto de decálogo que, de momento, solo ha llegado su cuarta entrega. Lo que pasa es que ese cuarta entrega la hice en 2009. La verdad es que es algo que me ronda la cabeza hace ya tiempo. Supongo que sucede como con las personas importantes del pasado lejano. Que te produce mucha curiosidad volver a verlas pero al mismo tiempo da vértigo. Bueno, he aquí algo que tengo que debería enfrentar. Gracias por recordármelo. A ver si en nuestra próxima sesión puedo traer novedades.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *