Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en email

Lois Patiño: «El diálogo con la muerte es un espacio muy fértil para el arte y para el arte de vivir.»

Entrevista a Lois Patiño, quien su corto El Sembrador de Estrellas fue premiado con la selección a los Premios del Cine Europeo en la pasada edición de la Berlinale.
El Sembrador de Estrellas, cortometraje dirigido por Lois Patiño (1983), fue seleccionado en la pasada edición de la Berlinale para los Premios del Cine Europeo. En esta entrevista hablamos con el director gallego quien desvela su permanente «búsqueda en el arte cinematográfico». Su tono de voz en la conversación puede recordar a sus obras cinematográficas. Pausado y pictórico. «He dicho cosas en esta entrevista que tal vez no había verbalizado o ni siquiera pensado conscientemente anteriormente», confiesa al terminar, desvelando de esta forma su vocación por buscar en todo momento qué hay detrás de cada imagen y también de cada palabra.

¿Cómo se siente tras haber sido premiado en Berlín y seleccionado para los premios del cine europeo?

Ya por haber sido seleccionado en la Sección Oficial era un premio en sí. Y haber conseguido ese reconocimiento es otro pequeño hito que se va sumando.

Se le define como una de las grandes figuras del Novo Cinema Galego. ¿Se siente cómodo dentro de esa denominación?

Sí, la etiqueta del Novo Cinema Galego ayuda a destacar una nueva generación de cineastas gallegos que estamos haciendo películas que están saliendo de nuestras fronteras y que están consiguiendo reconocimiento. Oliver Laxe es sin duda la figura más destacada y la que ha ido abriendo camino. Oliver permitió ver que se podían hacer películas desde Galicia con éxito. Creo que la etiqueta Novo Cinema Galego es real, con un cine contemporáneo a la par que en el resto del mundo, no vamos retrasados. Y esta etiqueta lo subraya.

En su cine siempre hay una clara vocación de búsqueda de nuevas posibilidades expresivas del cine. ¿Cómo encaja eso dentro de la eterna fricción entre arte e industria?

Por suerte he llegado en un momento en que esas fronteras son un poquito más abiertas, son más porosas, y por ahí se ha podido meter mi cine que, efectivamente, es muy plástico, muy próximo al videoarte, lo cual es también mi herencia, ya que mis padres son pintores de arte contemporáneo.

Hasta ahora me he centrado en explorar ese potencial plástico de la imagen y de búsqueda de nuevos lenguajes. Sobre todo en la relación del ser humano con el paisaje. He querido mostrar una nueva perspectiva de nuestra forma de sentir el espacio, el tiempo, el territorio o la historia o la identidad cultural. Tratar, desde una manera diferente, de permitir que se despierten nuevas reflexiones.

Empecé con películas más silenciosas, y en los últimos proyectos voy incorporando nuevas búsquedas con respecto a la relación y la palabra, el texto poético y y la forma cinematográfica. Poco a poco voy incorporando elementos del relato y podría estar aproximándome a un cine más narrativo y que se pueda considerar más cine para el gran público.

Por indagar un poco más en un aspecto que ya ha mencionado, ¿por qué ese predominio del paisaje en su obra con ese juego entre la abstracción y la figuración?

Emerge como algo instintivo. Nace al encontrar un lugar en donde me gustaría ahondar, en donde me gustaría comprender mejor lo que sucede. Al mismo tiempo, cuando empecé lo vi como un buen laboratorio donde explorar mi mirada y la imagen, el paisaje. Siempre ha estado ahí la experiencia de lo sublime, el momento revelador. Creo que hay un paralelismo muy claro entre la experiencia del observador del paisaje y la imagen del paisaje con el espectador del cine y la imagen en la pantalla. Hay una manera de relacionarse muy pareja. Y eso también me ayudó a reflexionar sobre la duración de la mirada como un requisito indispensable para analizar.

Creo que fui a esa esencia para intentar poco a poco construir otras cosas. Al principio fui al sustrato mínimo, una imagen silenciosa, y poco a poco voy añadiendo ingredientes según voy comprendiendo el cine. Porque el cine son muchas cosas y yo intenté simplificarlo al mínimo, me lo llevé a lo primitivo, casi eran grabaciones Lumière. Y desde mi propio lenguaje voy construyendo. No es tanto apuntar directamente a la construcción de un lenguaje propio, sino que busco que mi sensibilidad se refleje en el cine. Y esa búsqueda, esa plasmación de mi sensibilidad hace que aparezca un lenguaje propio.

¿Y cómo llegó a la génesis de El Sembrador de Estrellas?

En este corto hay ya un conocimiento de todas mis inquietudes y de una cierta manera de hacer películas. El Sembrador en Estrellas lo relaciono mucho con Montaña en sombra, una película que hice que el 2002 con esquiadores en montañas nevadas que grabé en los Pirineos y en Islandia. Hay algo de esto que digo, de contemplar en la distancia, pero aquí he grabado en un entorno urbano, algo que no había hecho. Y con la luz eléctrica como protagonista. Al oscurecerse todo, lo único que vemos es la luz eléctrica, la luz de los rascacielos, las luces de neón, las luces de los trenes, como algo espectral.

Me interesa mucho el equilibrio entre la figuración y la abstracción, es decir, borrar muchos elementos corpóreos de la imagen para que la imagen se vuelva más abstracta. Esto lo tengo muy metabolizado. En esta ocasión grababa en Japón y utilicé como referente plástico la pintura de paisajes Zen que utiliza esa idea de la abstracción. También he tenido como referentes todas las películas de arquitectura futurista, como Blade Runner o Metrópolis, sobre todo por la superposición de capas de edificios.

Y luego está el aspecto narrativo del corto.

En cuanto al relato y la atmósfera, me interesan mucho los aspectos liminales, entre dos universos, entre los muertos y los vivos, que es donde aparece lo espectral, o entre la vigilia y el sueño, donde aparece la consciencia y al inconsciencia. Y aquí quería situar la película. Así que en El Sembrador de Estrellas, desde el primer diálogo, estamos entre lo onírico y lo espectral, algo que también podemos ver en otras películas mías. Es algo que me interesa mucho porque es un terreno muy fértil donde desde lo real emerge algo diferente, el reverso de lo real.

El trabajo con el texto para este corto ha sido un reto. Está inspirado en un tipo de conversación que tienen los maestros con sus discípulos en el budismo Zen que se llama koan, con diálogos muy crípticos. Porque me interesa la mezcla de lo poético y de lo filosófico, así como las referencias a la contemplación sutil de la naturaleza que se condensan ese tipo de diálogos. Y en este sentido, atendiendo al relato espectral que se crea con los diálogos de El Sembrador de Estrellas, pensaba en películas como El séptimo sello, porque siempre me ha interesado el diálogo con la muerte, porque e otros espacio muy fértil para el arte y para el arte de vivir.

¿Siempre tienee claro hacia dónde va al empezar una película o apunta en una dirección y sobre el camino va hibridando todas estas búsquedas que está comentando?

Varía según el proyecto. Para buscar una financiación tienes que desarrollar un proyecto, así que ordenas y plasmas las ideas para conseguir la ayuda. En el caso de El Sembrador de Estrellas es al revés. Básicamente, mi novia y yo teníamos un mes libre y decidimos alquilar nuestra casa e irnos un mes a Tokio. Allí al pasear por la noche surgió la fascinación por las luces nocturnas de la ciudad y se me ocurrió la idea de hacer el corto al segundo día de llegar. Así que por el día hacíamos turismo y por las noches me iba a grabar desde distintas localizaciones. Y encontré fascinante especialmente las luces de los trenes y la experiencia meditativa que esto despertaba. Sentí que con todo esto la película plásticamente ya tenía identidad propia. Pero como ya he dicho antes, estoy en una etapa en el que quiero alcanzar un nivel más completo de calidad artística con la incorporación del texto y del relato.

De ahí que en El Sembrador de Estrellas los diálogos son también muy importantes.

Así es. En El Sembrador de Estrellas aparecen frases de una veintena de autores, de pensadores, principalmente de Occidente, y también de haikus de condenados a muerte. De esta forma se establece un diálogo entre ambas poéticas. La contemplación profunda se llega desde una experiencia sensorial y no intelectual, necesitas el silencio para dejarte llevar. Una vez metes una frase, se activa otra parte y comienza la experiencia intelectual. Aquí el reto era que ambas experiencias convivieran con un espacio para cada una, con su tiempo de expansión. Y la duración en las pausas de los diálogos en esto es importante. Se trataba de ir dejando caer frases en la imagen como gotas que reverberan y germinan en ella.

¿Cuál es su proximo proyecto?

Voy a grabar en Laos y en Zanzíbar, y en una parte central de la película habrá una experiencia sonora y lumínica donde la luz se percibirá a través de los párpados. En este nuevo proyecto, que tiene de nombre provisional Samsara, concepto budista de muerte y reencarnación, va haber una apertura a la escucha muy grande, lo sonoro tendrá gran importancia. Al cerrar los ojos el sonido en la sala de cine ya no va a provenir de una imagen central, va a haber un uso muy diferente de lo sonoro.

Sigue entonces en la búsqueda y en la incorporación de nuevos elementos.

Entiendo que todo arte es infinito, se sigue innovando en pintura, se sigue innovando en literatura. Y son artes que se llevan practicando decenas de siglos. El cine, que es mucho más joven y tiene muchos más ingredientes, debería permitir innovar el triple si esa operación matemática fuera posible. Hay mucho por descubrir. Aunque no se trata de descubrir por descubrir, de innovar por innovar. Dominique Noguez dice: «Otra forma de mostrar traerá otra forma de pensar». Y podríamos añadir: «Y otra forma de sentir». Se trata de mostrar las cosas de forma que el espectador pueda abrir una nueva puerta de percepción y una nueva perspectiva.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.