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Los directores de ‘Descartes’: “ Siempre hay un gesto político en cada decisión creativa”

Entrevista a Concha Barquero y Alejandro Alvarado, directores del corto documental 'Descartes' sobre una película censurada.

Concha Barquero y Alejandro Alvarado son los directores del corto documental Descartes. Una sorpresa esta temporada en los festivales de cine que rescata metraje del largo documental, Rocío (1980), dirigido por Fernado Ruiz Vergara, y que fue secuestrado por indicación judicial durante la Transición. Aunque el largo se estrenó finalmente, se le prohibió mostrar partes significativas. Descartes, muy cercano al cine experimental, «aunque sin proponérnoslo», según indican sus autores, consigue rescatar del tiempo y la censura las imágenes prohibidas.

¿Esperabais el éxito de Descartes?

Alejandro: Para nada. Ganar en Zinebi ha sido una sorpresa. Poco antes había sido estrenada en Doc Lisboa. Y ahora volverá a competir en Aguilar Film Festival. Estábamos deseosos de conocer cómo el espectador recibía el corto porque para nosotros era un enigma. Así que estamos contentos de la reacción que el público está teniendo en las salas. Creo que es un espaldarazo para sacar el caso de Rocío.

Concha: En Lisboa además se proyectó el documental de Rocío junto con Descartes, algo que resultó muy interesante. Estamos muy contentos.

¿Cómo se relaciona Descartes con el documental de Rocío?

Concha: Llevamos bastante tiempo trabajando sobre aquella película. De hecho, vamos a hacer un largo documental sobre Fernando Ruiz Vergara, que fue su director. En este largo sobre lo que vamos a trabajar es acerca de los proyectos que él no pudo realizar a partir de la censura de Rocío. Descartes es una deriva, no es una secuencia de ese largo, es una deriva que trabaja con los materiales descartados de Rocío.

Alejandro: Queríamos trabajar cómo laboratorio y le dimos forma de cortometraje. Y ello ha permitido sacar lo de Rocío.

¿Cómo adquirió personalidad propia Descartes frente al largo documental que estáis preparando?

Concha: Formamos parte de un proyecto de investigación académica durante un tiempo que nos llevó a Filmoteca Española para ver los materiales que podíamos encontrar para abordar el documental Rocío. Y durante el proceso nos dimos cuenta que el trabajo con estos materiales tenía entidad propia. Nos parecía que era muy revelador trabajar con material descartado de una historia descartada y poco a poco vimos que nos interesaba mezclar la investigación con lo creativo.

Alejandro: Nos interesa que el proyecto esté vivo, que esté orgánico. A partir de esas películas trabajamos con la energía de todo lo que pasó.

¿Por qué se censuró el documental Rocío?

Alejandro: La película es un ensayo sobre la Romería del Rocío e investiga sobre la representación de la Virgen, cómo se origina una romería, la tipología de personajes que pululan en ella, cuestiones sociológicas e históricas. Y aparece la relación entre los terratenientes y la iglesia en la época de la república y la dictadura. Y señala a un cabecilla que perpetró unos asesinatos. La película salió, ganó algún premio, pero la familia del perpetrador la denunció por atentado contra el honor. Y finalmente se secuestró y se celebró un juicio en 1982 donde no prevaleció la libertad de expresión.

Concha: La sentencia obliga a tres cortes en el documental donde aparece lo que la familia reclamaba que no saliera. Y esa versión censurada es la que circula actualmente. Lo que sí hizo el director fue incluir unos intertítulos en silencio que tenían la misma duración que lo censurado para hacer explícita la censura. Una censura que se mantiene hasta el día de hoy.

¿Consideráis que vuestro corto, además de una obra artística, es un acto político e incluso un manifiesto estético?

Alejandro: Sin duda.

Concha: Por supuesto que sí. Siempre hay un gesto político en cada decisión creativa. Pero en este caso, sin duda. Lo es por el contenido y lo es porque es una tarea de recuperación de una historia y sobre todo de esos materiales olvidados. De hecho recuperamos la historia a través de la recuperación de los materiales censurados que, de hecho, son patrimonio también.

Alejandro: Evidentemente, el corto invita a reflexionar sobre que una película fuera censurada y que todavía exista censura respecto a los nombres que se daban en Rocío como instigadores de una matanza. Porque eso también le ha pasado a reportajes periodísticos e incluso a historiadores que han hablado de los asesinos, pero que los jueces han considerado que el derecho al honor estaba por encima de la libertad de expresión, basándose en que no hay evidencias escritas de lo que pasó, aunque sí testimonios orales.

Concha: Y es que hay que hacer justicia con los descendientes. Son también son víctimas. No solo porque estén buscando a sus familiares, sino porque las consecuencias de esas pérdidas fueron concretas y prácticas a parte de las emocionales. El derecho al honor es un derecho del perpetrador, pero ¿qué hay del derecho al honor de los asesinados?

Alejandro: Vergara recuperó, de hecho, unos cuarenta nombres y fotografías de las víctimas, y nosotros en Descartes hemos ampliado esa lista tras acudir a historiadores que nos han ayudado.

¿Por qué abordasteis este hecho desde una óptica cercana al cine experimental?

Concha: Fue muy natural, muy orgánico. Todo es una investigación académica y formal y aquí confluyeron. La verdad es que nuestra primera propuesta era distinta y poco a poco nos dimos cuenta que era mejor desnudar los materiales porque a nuestro juicio expresaban mejor la experiencia del encuentro con esos materiales fuera de cualquier prejuicio. Es como ponerle al espectador en ese momento de qué sucede cuando abro esas cápsulas del tiempo donde estaban escondidos esos rollos que contenían los negativos y qué sucede si te dan esas imágenes y no te dan otra información, qué emerge de ahí. Ahí estaban todos los elementos: la iglesia, la Hermandad del Rocío, la sensualidad de la romería, el pueblo que está involucrado en esa matanza. No pretendíamos hacer algo experimental, sino ofrecer la información justa y necesaria.

Alejandro: Para nosotros había tres cosas: la película, como evidencia; la sentencia, como evidencia; y la lectura del trabajo de los historiadores, como evidencia. Y jugamos con esos tres elementos. No jugamos a algo estético, un juego por el juego. Creemos que es un corto para todos los públicos porque es el encuentro con las imágenes. Unas imágenes en bruto para que el espectador conectara las imágenes con su propia experiencia y su propio conocimiento. Entendemos que unos espectadores completarán más cosas y otros que menos

Concha: También nos interesaba el lenguaje de la sentencia cuyo contenido nos parecía de ficción. Buscábamos estudiar desde las imágenes desnudas la retórica jurídica que en realidad está enmascarando un posicionamiento político. Y quisimos que quien leyera la sentencia fuera una poeta que es María-Eloy García y cuya lectura utiliza otros registros distintos a la lectura normal de una sentencia judicial.

¿A parte de lo que se ve en Descartes hay más materiales?

Alejandro: Efectivamente. Hay muchos más rollos

¿Cómo os organizasteis para la elaboración de Descates?

Concha: Somos pareja y hemos trabajado juntos desde hace años, pero no tenemos un método definido.

Alejandro: Es todo muy orgánico. Dialogamos conjuntamente con el trabajo.

Concha: Discutiendo muchísimo, dándole muchas vueltas al montaje. Si bien había algo ya trabajado porque llevamos en todo esto desde hace mucho tiempo. Tengo que decir que estamos muy orgullosos del sonido. Hemos colaborado con la compositora Peña Rubia y el técnico de sonido Carlos del Castillo que nos han ayudado en este proceso de encontrar la fórmula que buscábamos.

Alejandro: Llegar a este resultado final ha sido cosa de dar muchas vueltas.

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