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Nico Matjí: «Para hacer cortos hay que tener la cara muy dura»

Entrevista al productor de animación Nico Matjí, presidente de DIBOOS.

Nicolás Matjí es un histórico de la animación española tiene. Su larga trayectoria como productor está avalada con éxitos como los de Enrique Gato en la saga de Tadeo Jones. Es cofundador de Lightbox Entertaiment y actualmente preside DIBOOS, la asociación de animación más grande de España. Con él hemos hablado sobre este sector y sobre los logros que se van dando en la animación que, como él dice, «no son casualidad».

¿Por qué nació DIBOOS?

Nació por la necesidad de empujar el sector de la animación. DIBOOS es una federación, una asociación de asociaciones, formada por AEPA, la más antigua, y Proanimat, la asociación catalana. Su función fundamental es la de tener presencia en política y mover las cosas.

¿Por qué alguien debería formar parte de DIBOOS?
Quien esté interesado en empujar la animación debería estar en DIBOOS. Por la propia visibilidad de la marca DIBOOS ante los poderes del país. Ahora tenemos exenciones fiscales al mejor nivel europeo y no es casualidad. Las hemos peleado durante mucho tiempo. Y esto significa dinamiza el sector.

No es casualidad tampoco que en Madrid y en Cataluña den ayudas a la animación. Tampoco es casualidad que se lo esté planteando el Ministerio de Cultura. Y tampoco es casualidad que vaya a haber una obligación para los teleoperadores para invertir una parte en animación. Nada es casualidad. Es un trabajo muy lento, de mucho pico y pala.

¿Cómo definirías la situación del cortometraje de animación en España y su evolución en los últimos años?
Yo le tengo mucho cariño al corto. Se aprende mucho y es tremendamente importante. Lo que ocurre con los cortos es que es difícil saber cuántos cortos se están haciendo. Es un proceso muy lento, que ocurre en la sombra y que suele tardar en salir a la luz.


¿Por el propio proceso lento de la animación puede decirse que existe menos amauterismo en la animación que en otros géneros?

Te diría que sí, pero, claro, ¿a qué llamamos animación? Yo hago animaicón CGI fundamentalmente. Pero es que la stop motion también es animación, y si te vas por ejemplo al Festival de Annecy verás que se hacen muchos trabajos de este tipo. Lo que sí tienen todos en común es mucho trabajo detrás y mucha paciencia. Que no te guste a ti no significa que no le guste a otra persona. Creo que sí, que los cortos de animación están más pensados y son menos amateurs que los de imagen real, los cuales hoy te los puedes hacer con un móvil y con mucha cara dura (risas) Para hacer cortos hay que tener la cara muy dura.

¿En la animación siempre existió el teletrabajo. La pandemia afectó a la producción de cortometrajes?
Efectivamente, el teletrabajo ha existido en la animación siempre. Cuando se hacían Los Picapiedra, antes de Internet , se mandaban las cajas con las animaciones en papel por mensajero, en avión, de Madrid a Estados Unidos. Realmente siempre hemos teletrabajado. Otro ejemplo, nuestro pequeño Dartacán estaba animado en Japón. La animación siempre ha requerido outsourcing.


Pero la pandemia lo ha cambiado todo. Veníamos de estar acostumbrados a hacer películas presencialemente. Es lo mejor, que el equipo se conozca, se retroaliemente y se estimule. Así lo empezamos a hacer en la primera película de Tadeo Jones.


Y llegó la pandemia, en el estudio éramos un grupo de 30 personas que nos tuvimos que ir a casa. Y hemos acabado Tadeo Jones 3 sin volver a la oficina. Lo que ha ocurrido es que cuando se acabó el confinamiento, la gente no quería volver a la oficina. La gente se había al pueblo donde trabajaban a gusto y no querían volver a lo presencial. Y esto ha ocurrido en todo el mundo. Se ha comprobado que por el teletrabajo la animación no para, el confinamiento no la paró. Hay de hecho muchos que trabajan en Madrid para productoras estadounidenses.

¿Cuáles son los grandes retos de la animación en los próximos años?
Los grandes retos son la financiación, la financiación y la financiación (risas). Siempre. Hay que tener en cuenta que, salvo que sea un corto de escuela, los cortos producidos profesionalmente por una productora de animación se hacen, pero son carísimos y rara vez son un buen negocio. Así que al final, es algo muy personal lo de hacer cortos.

¿Qué consejos darías a quienes empiezan o quieren empezar en el mundo de la animación?
El primero consejo: busca gente como tú, con tus mismas inquietudes. Cuando eres joven te puedes sentir un marciano y un incomprendido, pero no lo eres, no estás solo, solo tienes que buscar a los que son como tú. Esa gente suele estar en escuelas. Ahí es donde los jóvenes deben buscar, en las escuelas, donde hay gente con la que pueden compartir la misma pasión. Porque la pasión es lo que reemplaza al dinero cuando no lo tienes. El segundo consejo, y también muy importante, es crear personajes con gancho. Y otro consejo es ir pasito a pasito, plantearte cosas que puedas asumir, hacerlas y acabarlas.

En la pasada edición de Weird Market preguntaron a los invitados “¿Qué es la animación?” Recojo el testigo. ¿Qué es para ti la animación?
Es mi vida. Gracias a la animación he conseguido ser alguien en el mundo. Es una comunidad de gente fantástica. Hay una cosa maravillosa de los animadores y es que hay un compañerismo muy grande. Porque todos sobemos el trabajo que hay detrás de cada obra de animación. Y también hay gente muy curiosa, gente que deja una carrera universitaria porque quieren contar una historia de animación con el que se tira siete años. Y quien coge el camino de aprender por sí mismo en pos de un sueño personal, se ha pegado mil tortas, pero al final ha sacado su proyecto, y tiene un grado de conocimiento que otras veces no encuentras en otros sectores. A los pioneros del CGI mucha gente los llamaría genios. Y puede que lo sean, pero sobre todo son gente hecha a sí misma .

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